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Cuarenta años después, el camino continúa

La Clásica Álvaro Pino 2026 y el homenaje a una victoria que sigue viva.

 

El 24 de mayo de 2026, la Clásica Álvaro Pino se celebró con un significado especial.

Esta edición no solo volvió a reunir a ciclistas, aficionados y territorio en torno al deporte, sino que sirvió también para rendir homenaje a una fecha clave: los 40 años del triunfo de Álvaro Pino en la Vuelta a España de 1986.

Un éxito que forma parte de la memoria colectiva del ciclismo gallego y que sigue inspirando, cuatro décadas después, una forma de entender el esfuerzo, la constancia y el camino recorrido.

Un homenaje que abrió la celebración

El recuerdo comenzó un día antes de la prueba. El sábado 23 el concello de Ponteareas acogió un acto de homenaje a él, en el que se puso en valor no solo un logro histórico, sino toda una trayectoria ligada al ciclismo y al territorio.

Fue un encuentro cargado de emoción, memoria compartida y reconocimiento.

El punto de partida simbólico de un evento deportivo que, al día siguiente, trasladaría ese espíritu a las carreteras.

Un avituallamiento entre viñedos

El domingo 24, la carrera tomó forma sobre el asfalto. Y en sus primeros kilómetros, el pelotón encontró un alto en el camino diferente: el primer avituallamiento en la bodega Eidosela, en Arbo.

No fue una meta ni un escenario forzado. Fue un espacio de pausa. Un momento breve, necesario, en el que recuperar fuerzas antes de continuar.

Entre viñedos, con el paisaje como parte activa del recorrido, el ciclismo se integró de manera natural en el entorno.

Abrir la bodega a esta prueba es una forma de entender el deporte desde la coherencia: el esfuerzo necesita equilibrio, y el equilibrio también se entrena.

Entre viñedos, con el paisaje como parte activa del recorrido, el ciclismo se integró de manera natural en el entorno.

Abrir la bodega a esta prueba es una forma de entender el deporte desde la coherencia: el esfuerzo necesita equilibrio, y el equilibrio también se entrena.

Deporte, paisaje y cultura: un mismo pulso

El ciclismo y el vino comparten algo esencial: ambos se construyen con tiempo.

No se improvisan. Requieren paciencia, lectura del terreno y respeto por los ritmos. Durante la Clásica, ese vínculo se hizo visible.

Las cepas, el valle y el paso del pelotón convivieron sin estridencias, recordándonos que el deporte también es cultura, paisaje y relación con el lugar que lo acoge.

No se trató solo de pasar por el concello de Arbo, sino de formar parte, aunque fuera por unos minutos, de su identidad.

Agradecimientos que sostienen el camino

Nada de esto sería posible sin el trabajo y la implicación de muchas personas.

Desde Eidosela queremos agradecer a la organización de la Clásica Sestelo Álvaro Pino el excelente desarrollo de la prueba, así como la colaboración de todos los concellos por los que pasó la carrera.

De manera especial, al concello de Arbo y al concello de Ponteareas, por su cercanía y compromiso con un evento que pone en valor el deporte y el territorio.

Cuando el último ciclista dejó atrás el avituallamiento y la carrera siguió su curso, la bodega volvió a su calma habitual.

Pero quedó algo más que un recuerdo: la certeza de que hay pausas que también forman parte del camino.

Y que, a veces, detenerse es la mejor manera de seguir.