¿Eres mayor de 18 años?

Para garantizar que nuestro vino se disfruta de forma responsable, debemos confirmar que eres mayor de edad para comprar y consumir alcohol en tu país de residencia. De no existir una legislación al respecto sobre este tema, debes ser mayor de 18 años.

Lo que nos dejó 2025, copa en mano

Aprendizajes que no se miden en cifras, sino en tiempo, calma y pequeños gestos.

Hay años que pasan casi sin darnos cuenta. Y hay otros que se quedan, no por lo que ocurrió en grande, sino por lo que nos enseñaron en pequeño.

El 2025 fue de esos. Un año para mirar con calma, sin balances fríos ni listas interminables.

Un año que se entiende mejor cuando te sientas, sirves una copa y dejas que los recuerdos aparezcan despacio, como lo hacen los buenos vinos.

El tiempo como aliado

Si algo volvió a quedar claro fue que el tiempo sigue siendo nuestro mayor aliado. En el viñedo no existen los atajos. Cada estación hace su parte y forzar el ritmo solo rompe el equilibrio.

El año pasado nos recordó que esperar no es perder tiempo, sino confiar en el proceso y respetar lo que la tierra necesita para expresarse bien.

Cada estación cumple una función esencial
en la preparación de las viñas.

Escuchar más, intervenir menos

También aprendimos a escuchar. A las cepas, al clima, a las personas que forman parte de este camino. Escuchar lo que funciona y lo que no, lo que pide continuidad y lo que necesita ajuste.

Afinar no siempre significa hacer más, sino intervenir solo cuando hace falta. A veces, la mejor decisión es saber esperar.

Escuchar y aprender de la experiencia de las personas,
es fundamental en el buen hacer de nuestra bodega.

Lo que no se ve

Hubo días largos, decisiones complejas y momentos de intensidad. Pero entre todo eso, el vino siguió siendo un punto de encuentro. Una pausa compartida. Un gesto sencillo para coger aire y seguir.

Aprendimos a valorar aún más lo cotidiano: repetir una prueba, revisar un detalle, cuidar lo invisible. Eso que no sale en las fotos, pero sostiene todo.

Lo que no se ve. La espera, la pausa.
Es el reposo de nuestros vinos.

Repetir no es rutina, es precisión

Aprendimos que repetir no significa hacer lo mismo sin pensar. Significa conocer tan bien el proceso que sabes cuándo mantenerlo y cuándo ajustarlo.

El año pasado fue un ejercicio de constancia consciente: repetir lo que funciona, corregir lo que no y afinar cada paso con más criterio que prisa.

Soltar y brindar como parte del proceso

No todo se puede controlar. Ni el clima, ni los ritmos, ni el resultado final.

Hubo momentos en los que la mejor decisión fue confiar y dejar hacer. Soltar expectativas y cambios. Entender que el vino, como la vida, se expresa mejor cuando no se le aprieta demasiado.

Pero nos acercamos a la certeza de que vamos por buen camino cuando respetamos los tiempos, cuidamos los detalles y no olvidamos por qué lo hacemos.

Brindamos por lo aprendido. Por lo afinado. Y por todo lo que aún está por venir.

Copa en mano, como debe ser.