¿Eres mayor de 18 años?

Para garantizar que nuestro vino se disfruta de forma responsable, debemos confirmar que eres mayor de edad para comprar y consumir alcohol en tu país de residencia. De no existir una legislación al respecto sobre este tema, debes ser mayor de 18 años.

¿Por qué la lamprea seca sigue siendo una tradición?

Una forma de conservar un producto y, también, una parte de la historia de Arbo.

Hay alimentos que pertenecen a un territorio de una manera difícil de explicar. La lamprea es uno de ellos.

Y en Arbo, esa relación tiene una particularidad: cuando termina la temporada de la lamprea fresca, empieza otra forma de disfrutarla.

Este año, en Eidosela hemos tenido la oportunidad de volver a vivir esa relación de cerca durante la XXXI Festa da Lamprea Seca de Arbo.

Compartimos estos días con quienes se acercaron hasta la Carballeira de Turbela para disfrutar de la fiesta, conversar sobre nuestros vinos y descubrir, o reencontrarse, con una de las elaboraciones más singulares de nuestra gastronomía.

Entre copas y degustaciones, volvimos a comprobar que detrás de un manjar como la lamprea seca hay mucho más que una receta: hay territorio, memoria y una manera de entender la gastronomía que sigue muy presente.

Y quizá sea precisamente eso lo que hace especial esta celebración. Durante unos días, Arbo vuelve a poner en el centro algo que forma parte de su identidad y que sigue pasando de una generación a otra.

Tres días en los que gastronomía, vino, música y tradición volvieron a encontrarse en este concello, y en los que desde Eidosela tuvimos la oportunidad de compartir nuestra tierra y nuestros vinos con quienes se acercaron a disfrutar de ella.

Pero ¿qué tiene la lamprea seca para haber llegado hasta nuestros días?

Cuando conservar también era una forma de cocinar

Antes de que la conservación de los alimentos fuese tan sencilla como abrir una nevera, secar era una manera de alargar la vida de determinados artículos.

En el caso de la lamprea, el proceso de secado permitía disponer de ella fuera de su temporada habitual.

Una vez limpia y preparada, se somete a un proceso de salado y secado que modifica su textura, concentra sus sabores y le aporta unas características propias.

El resultado no es simplemente una lamprea que ha perdido agua. Es otro producto, con otra personalidad y otras posibilidades gastronómicas.

Y ahí está una parte importante de su valor: una necesidad de conservación terminó convirtiéndose en una tradición.

De la necesidad a la identidad

Hoy ya no necesitamos secar la lamprea para poder consumirla durante más tiempo. Sin embargo, seguimos haciéndolo.

Y eso dice mucho de cómo funcionan las tradiciones gastronómicas.

Algunas sobreviven porque siguen siendo necesarias. Otras, porque forman parte de quiénes somos.

Esta pertenece a ese segundo grupo. Habla de Arbo, de su relación con el Miño y de una manera de aprovechar los productos del entorno que se ha transmitido entre generaciones.

Por eso una fiesta como esta no consiste únicamente en degustar esta especialidad. También es una forma de mantener viva una parte del patrimonio gastronómico del territorio.

¿Y qué pinta aquí un Albariño?

Mucho.

La lamprea seca tiene sabores intensos y una personalidad marcada. Frente a ella, un Albariño aporta frescura y acidez, dos características que ayudan a equilibrar la intensidad del plato y a limpiar el paladar entre bocado y bocado.

No se trata de buscar un vino que compita con la lamprea, sino uno que la acompañe.

Y ahí encontramos una de esas combinaciones que tienen más sentido cuando se conocen sus orígenes: una elaboración profundamente ligada a Arbo y un vino nacido en esta misma tierra.

 

Después de una nueva edición de la Festa da Lamprea Seca, nos quedamos precisamente con eso.

Con la sensación de que algunas tradiciones no necesitan reinventarse para seguir teniendo sentido.

Solo necesitan seguir encontrando un lugar en la mesa.

Y, si puede ser, una copa de Albariño al lado.